Cambio Constante


De manera natural, mostramos resistencia al cambio porque éste trae consigo incertidumbre e incomodidad a nuestras vidas; al menos en principio esa es nuestra percepción. Sin embargo, el cambio es prácticamente un proceso predecible que se presenta con una serie de etapas que ofrecen distintos desafíos que requieren ser manejados antes de pasar al siguiente. Luego de superar estas etapas, comenzamos a sentirnos cómodos con él y podemos movernos y dirigir a otros incluso. Las herramientas o recursos constituyen otro factor importante en el cambio; nos ayudarán a decidir qué cambios queremos realizar y negociarlo de manera proactiva de tal modo que podamos alinear enfoque y dirección con sentido de apertura a múltiples posibilidades para crear los resultados que deseamos y que estamos dispuestos a probar, fallar y cambiar estrategias que no funcionen. Y así continuar con el ciclo siguiente.

El cambio es constante, especialmente en tiempos acelerados. El campo tecnológico, científico y económico se transforman continuamente y el ritmo se intensifica cada día más. Las organizaciones prevalecen según su capacidad para desenvolverse y crecer en un entorno volátil y en movimiento. La cultura de cambio se prepara para dar respuesta oportunamente, y por tanto, es lógico que el arte de gestionar el cambio sea prioridad y debe cultivarse mediante:
• Compromiso, comunicación y co-responsabilidad;
• Creatividad e iniciativa en la cultura de cambio;
• Gestión de su propia transformación como estrategia;
• Potenciar su propia capacidad de transformación;
• Gestión del cambio para como visión de futuro;
• transformación interna impulsando la flexibilidad.

Recordemos que lo importante es reconocer y enfocar hacia dónde queremos ir pues sólo así logramos la transformación. “No hay viento favorable para el hombre que no sabe hacia donde va.” Schopenhauer.


 

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